Exceso de confianza.

Llega el Conde a su mansión.

 

El mayordomo, atentamente, le abre la puerta, agacha la cabeza y reverencialmente lo saluda:

 

- Adelante, hijo de la gran puta. ¿De dónde viene el señor Conde con esa cara de gilipollas amariconado?

A lo que el Conde, sonriente, le contesta:


 
- De comprarme un audífono querido  James. Ya puede ir usted preparando sus maletas.