En la temible espera de la idea,
en la suculenta agonía del decidir,
en la complejidad de una existencia.

En el escondite perfecto de la genialidad,
es aquí donde el universo se crece
y desborda los limites de la inmensidad.
Los enigmas interminables al norte.

Al contraste, la armadura le protege
en pequeños universos sometidos
al interminable llamado del dios.

El tiempo preciso cual duda esconde,
no temiendo persuadir a su creador.
Una apertura al horizonte desencadena
sacrificios latentes ante cualquier decisión.

La imaginación inconforme se decide
terminar su destino en manos del creador.
Y el infinito al mortal concede
la inmortalidad al avance de un peón.

La dualidad toma vista en dos colores
en las marcadas piezas, irradian destellos
de pactos entre mortales, convirtiéndolos
así en osados caballeros.


 
El universo se crece infinito
aquí donde crean sus propias reglas,
donde la cruz toma su inmenso valor
en dirección al cielo, reconociendo a su rey.

                                    Nasdlo